REPORTAJES URBANOS, VALORES Y TALENTOS HUMANOS, DESTREZA DE LA CIUDAD

3/22/10

dionisios

Escena Drag

Yo o el otro yo, es difícil hablar de uno mismo porque nos cuesta quedar mal frente al resto de los mortales y tememos al qué dirán. En la mente siempre queremos caer bien; cual monedita de oro o zapatilla de cristal.
Yo, hombre de 34 años, 20 de homosexual practicante, 12 en las artes, 9 de pareja, 7 de drag, 5 de dramaturgo y sin acabar de aprender, reconozco que soy alguien que se aburre con facilidad cuando no me prestan atención; disléxico de naturaleza, aprendiz por necesidad, todo lo hago en la vida y nada más.

El otro yo es una parte encontrada hace poco tiempo, un accidente de tablas escénicas en el que nunca me imaginé hallarme. Una semana de Noviembre, yo director en un oficio desconocido en mi país y mucho menos en mi ciudad, cuando un amigo me dijo que lo intentase solo para ver como me va y ahí está. Me enganché del drag y de su mundo de personajes bizarros, de cuerpos andróginos, de vestuarios dolorosos, luces sicodélicas y sed de gritar lo que tiene escondida esta sociedad pacata. Ya eso de ser homosexual es algo difícil en esta ciudad, pero yo y mi otro yo, llegamos a una comunión y decidimos contar a través del drag, la vida y muerte de otros, algunos amigos, otros sólo recuerdos escuchados entre tragos, contamos vivencias propias y risas ajenas de sensualidad. El teatro es un pretexto, al igual que el texto de cualquier dramaturgo; lo importante es trasmitir al espectador algo que remueva su interior.
Cuando se abre el telón la magia del teatro drag empieza: los vestidos sicodélicos, las luces, escarchas para el Drag Queen y pelos en la cara para el Drag King. Pero el verdadero show empieza unos días antes, cuando se decide la obra que se presentará el fin de semana: el técnico, los actores y la escenografía se preparan para el pequeño escenario de cuatro por tres metros; se riega gaseosa en el piso para que los tacos no resbalen, los movimientos son exactos en la fono mímica, textos repasados con paciencia y sinceridad “ ya que uno primero tiene que creerse y vivir el texto, para que el espectador se lo crea y lo viva”. En Dionisios las cosas no se hacen solas, la gente que trabaja en el elenco limpia, arregla y decora su espacio, lo prepara para que el público se sienta en un lugar especial y el día de función todo se viste de luces tenues y flores que dan la bienvenida.
El publico es variado: gays, lesbianas, travestís, heterosexuales o bisexuales, solos o acompañados, eso da igual. Lo importante es que vienen a abrir sus mentes y sus corazones, a una experiencia diferente, que trasgrede, conflictúa y encanta. En algunas obras se ríen de ser diferentes, lloran de lo que no les falta, juegan con lo que no tienen, seducen con lo que llevan acuestas y se llevan la humillación de los conservadores hipócritas.

A continuación algunos fragmentos de las diferentes obras:
“LA PACA”
Buenas noches, me llamo José Francisco, pero me dicen “La Paca”...
…Y el maquillaje de esta noche se encarga de esconder todas las arrugas, las imperfecciones, te pone una máscara que sonríe contigo, y celebra contigo, y con suerte hace sexo contigo... Pero nunca, nunca llora... las lágrimas la disuelven, y entonces... No hay razón para llorar. Porque estoy solo como un abedul, porque este show se acaba, porque el orgullo es una palabra, porque detesto mirarme, porque en algún momento tengo que pisar la calle, porque me gustan los besitos, porque amo... Y el amor es... todo.
Pero nunca lloro, canto y celebro, preparo shows... Vivo aquí, detrás del maquillaje...
¿Dónde estoy?
Me gusta regalar fantasías, me encanta ser otro para ser yo mismo, y es mi vida, mía... Pero, por un instante quisiera ser yo, nada más, con todos mis miedos... Quiero sentir tus besos, un beso, en los labios, déjame ser débil por un momento. Me gusta ser José Francisco, invencible, para que me llamen “La Paca”... Pero... Hoy quisiera ser Adrián. Así de simple. Adrián.


“LA CABRA TIRA AL MONTE”

Angélica: hace dos años, solía visitar los cines América (ratas club) y Hollywood (pulgas en butaca) donde se exhibían películas porno-hetero-italianas, pero la mayoría de los asistentes lo único que le interesaba era ver como se masturba el de a lado, con un cigarrillo en mano. Era cómico pararse al fondo de las butacas y ver como iban desapareciendo las cabezas, cien de cuello y ahí mismo, y ver salir a la gente, al apuro después de un orgasmo escondido…
Hace dos años mi vida era otra, claro no ha cambiado mucho pero algo es algo, sigo viviendo con mi familia, pero ya no tengo novia, eso de andar aparentando “ser normal”. Ahora le digo a mi familia, que por el momento quiero progresar en mi trabajo, quiero estar solo para organizarme la vida y si me visto así, es porque me gusta y además estoy haciendo show aquí, pero no confundan, no soy travesti, soy un drag... y esto es arte...
Antonio: En una ocasión estuve haciendo fila frente al seguro social, para que mi abuela cobre su famosa pensión de miseria, no sé si se han fijado, detrás de la parada del trole de el Ejido, está un baño publico, le dije a mi abuela que me espera un momento, cruce la calle con afán y del apuro casi me meto al baño de mujeres y la señora que esta en la puerta me dice con esa voz tosca: ¡oiga señor ese es el baño de mujeres, entre al otro!, cuando entré solo me bajé la bragueta e hice lo que tenia que hacer y sin querer de reojo mire a mi lado que habían tres hombres, ¡que no estaban orinando!, pero por qué no estaban orinando? En sus caras se veía una angustia, una complicidad , con cierto descaro bajé mi mirada hasta sus braguetas y uno de ellos se estaba manoseando su ¡pené!, en ese momento me entró un escalofrío por todo mi cuerpo; mi corazón se aceleró con fuerza, la saliva se hacía un nudo en la garganta, no sabía si mirar o salir corriendo, pero por dentro algo me decía que mirara y miré de reojo y lo tenia erecto, era enorme esa cosa, con angustia miré hacia la pared y pensé que el tipo era un exhibicionista, que no le importaba que alguien lo mirara, y yo volví a mirar y ya no solo era él, sino los otros dos también se lo manoseaban, con un descaro increíble. Miré hacia atrás y las puertas de los inodoros estaban cerradas. Cuando regresé la mirada uno de los que estaba a mi lado se la cogía al de la cosa enorme, el otro empezó a manosearse con más fuerza. Repentinamente el que se la cogía se agachó y empezó a chupársela, como si fuera un cono de helado; no le importó que yo estuviese ahí y en ese momento me sentí cómplice de algo que no se debe hacer, pero esa sensación me gustaba. Seguí mirando con el mismo descaro que el otro tipo, me fijé que desde las puertas de los inodoros existían unas hendijas por las que se veían ojos, sin rostros, solo ojos que también se saciaban con ese momento pervertido y excitante. Yo también le empecé acoger gusto, en ese momento no me importó nada y sentí como empezaba a crecer mi... ¡repentinamente! la señora, la de la puerta entró con un trapeador, el tipo se levanto rápidamente como si nada estuviese pasando; de las puertas desaparecieron los ojos sin rostro. En ese momento me acordé de mi abuela, salí, corriendo con una angustia mayor que con la que entré, cuando me acerqué a mi abuela ella me preguntaba por qué me demoré tanto, yo solo le contesté “que había mucha gente en ese baño y que me tocó esperar”. Las puertas del seguro se abrieron, en mi mente las imágenes y esa sensación, jugaban con un sabor dulce en mi corazón..., que aún no recuperaba su ritmo normal y así fue como empecé en el ambiente…

Saludos cordiales,
DIONISIOS TEATRO DRAG
Dirección: Manuel Larrea N14-52, entre Riofrío y Checa.
Entrada general: $5.
Reservaciones: 2557-759.
Texto: Daniel Moreno Fotos: Tarik Núñez

3/21/10

Drag king

Yo nací mujer, al igual que hubiese nacido hombre, esto ya es una condición que determina roles y posturas en el comportamiento de todos los que venimos al mundo. Esta incorporación al comportamiento no fue radical en mi; el campo, la influencia europea de mi madre, el sentimiento andino influenciado por mi padre y el entorno des-construyeron ese genero preestablecido para much@s.
Considerada una “niña bonita”, hija de “gringa”, recibí siempre una mirada diferente de l@s niños del barrio y de la escuela, no de forma excluyente, a veces despertando curioso interés para algun@s. Mi tamaño, el color de piel, mi padres lejos de lo común del lugar, el trabajo de ellos (alfabetización de niños kichua hablantes), mi familia paterna (mestizo-indígenas de campo), mi familia materna (de visita desde Bélgica) y los diálogos que mantuvimos con mis padres, ahora que lo veo fueron factores que alejaron un rol en especifico sobre mi “genero

No tuve interés por jugar con muñecas, mas bien por paseos campestres en compañía del ganado, no tuve ganas de pintarme los labios, sino de jugar con tierra, no vestí de faldas ni blusas, incluso use por mucho tiempo zapatos de niño, por comodidad el pelo corto, jugar a la pelota, a los indios y vaqueros, al lobo, carrera de canicas, de carritos junto a mi hermano, historias de ficción en el campo, los viajes cada dos años a Bélgica, los niños rubios, el idioma, la pulcritud europea, la vida del 1er mundo.
En la escuela siempre fui la primera opción para esas elecciones tan absurdas de estrellita de navidad o candidata para cualquier otra cosa. Con ese pretexto, si me pintaron la cara como mujer y era tan incomodo, me pusieron vestidos que solo use una vez; las cosas que me incomodaban tanto, contentaban a mi vieja profesora, a la directiva del barrio, a l@s vecinos, pero a mi familia no le importaba, hasta era molesto tener que pensar en comprar el vestido y arreglarme, como a mama y a papa, a mi tampoco me gustaba.

Busque el modo de no ser esa primera opción y así fui armándome de un modo “poco femenino”, no me gusto nunca arreglarme y exhibirme en la forma en que lo hicieron conmigo, a esa edad cuando la opinión no se escucha porque eres niñ@, marco un rechazo a todas esas cosas, de verdad que era tan incomodo, tan artificial, tan para ellos. Así que mi ofensiva y mi elección buscaron dejar “la delicadeza femenina”, esa postura a la que me querían llevar por mi diferencia, esa que yo no quise nunca y que mi familia no construyo, pero que la gente con la que estuve en contacto quiso meter en mi cuerpo y en mi cabeza.
Desde muy pequeña tuve condiciones deportivas, estuve en equipos de atletismo, básquet, salto y esas cosas, me gustaba si, pero tampoco fue una elección mía, mi figura llamaba a los demás para disponer de mi en ese sentido, como si me hicieran un favor, aunque lo hicieron, pero disponer de mi no es respeto. A esa edad no pude definir lo que quería, a esa edad la gente decide por ti.

Luego de la muerte de mi padre tuvimos que venir a vivir a Quito, Emilio, Kris y yo. Ese cambio fue duro, fue extremo. Mi madre (Kris) guerreo al máximo para lograr una casa acá, para darnos educación adecuada sin saber de las dinámicas capitalinas, para empezar un nuevo momento de estas nuestras vidas.
Algo que recuerdo mucho es que me compre una navaja de esas que llaman mariposa, la vi de venta en un parche a la salida del colegio del Pacifico, que era el colegio mas cercano al primer departamento en el que estuvimos al llegar acá, acá las cosas son distintas a Yaruquies (el lugar donde nací, parroquia rural de Riobamba), los jóvenes toman el bus sin miedo y se bajan al vuelo, cruzan las calles llenas de carros, el trole, el play zone, los centros comerciales, la comida chatarra, alcohol, drogas, todo a la mano.

Bajo el uniforme llevaba siempre una lycra para jugar fútbol en los recreos, siempre con los hombres, me gustaba mucho el fútbol y los juegos con ellos, pero las niñas siempre me vieron raro y nunca puede ser parte de ellas totalmente; de entre los niños siempre tuve mis mejores amigos, no de entre las niñas, de alguna forma era uno mas en el grupo de los chicos, aprendí a hablar como ellos, a moverme como ellos, pero no porque quisiera ser uno de ellos, sino por comodidad, las niñas siempre chismean, murmuran, critican, se quejan, se juntan a pintarse las uñas, eso a mi no me gusta, nunca me gusto, pero acá en la ciudad se nota mas crudamente, las niñas esas son tan quisquillosas. Mis amigas, las mujeres, las que se convirtieron en las más cercanas, también manejan ese tipo de diferencia, por eso congeniábamos.

Así empezó esta crítica a las posturas de género, a los roles. Roles asumidos como la construcción cultural de una “mujer” y un “hombre” que no se origina en la disposición físico-biológica del cuerpo. Donde las relaciones sociales son las que van marcando y afirmando esa diferenciación entre estos dos “seres”, donde un@ condiciona al otr@ y viceversa; pero que va mas allá de esa conducta preestablecida, que como un chip cerebral incorporado dinamiza nuestro cuerpo y nuestra forma de relacionarnos, algo complejo, algo enfermo, algo aceptado, algo real, algo que limita, algo que nos hace esclavos de nuestros cuerpos.
Por intuición rechacé esa ridiculización, esa mascara que usan todos para determinar la debilidad o la fortaleza, eso que para los hombres es necesario al momento de “generar el control”, eso que a las mujeres confina al cuidado familiar, a la alimentación, a la limpieza; eso que muchos aceptan, adoptan y reproducen.
La mujer no es débil, no lo ha sido nunca, es un@ mism@ quien se asume débil independientemente del aparato reproductor que posee, la mujer no tiene porque complacer o agradar al hombre, la mujer no es vulnerable, es la desproporción de fuerza, fuerza generada a partir de esa construcción cultural del género, que vuelve vulnerable al otr@ cuando se aplica.

Entonces pienso: que el teatro Drag es capaz de romper esos roles esquemáticos, que mi postura, un poco femenina pero no tan femenina, un poco masculina pero no tan masculina, son mi recurso más valioso para lograr esa ruptura.
De algún modo quiero generar esta misma critica en la gente que mira las obras de teatro Drag, que el echo de transformarme en hombre dentro del escenario, logra en las personas ubicarse al menos un momento, con la mirada fuera del propio cuerpo, en un punto de critica, en un punto que divisa los absurdos y convencidos comportamientos que tenemos tod@s, que de esa manera ell@s pueden detectar la perversión de los roles (estos radicales y crueles), el sometimiento del cuerpo a una u otra postura y la violencia que ese comportamiento genera no solo hacia un individuo sino hacia la naturaleza misma del ser humano, naturaleza que no soy capaz de detectar ni adivinar porque nunca nos dieron la posibilidad.

Texto: Cayetana, Drag King